Salud & Patologías
Carolina Dragonetti
·
12 August 2026
·
5
min de lectura

Salud de la mujer
Suelo pélvico

Suelo pélvicoPor qué las bolas chinas no son el punto de partida

Prometen resultados en minutos al día, y la evidencia dice que funcionan. Pero llegan tarde: antes hay que saber si el músculo está débil o demasiado tenso, porque en el segundo caso entrenar empeora los síntomas.

Mujer realizando ejercicios de fortalecimiento del suelo pélvico
Una de cada tres mujeres tiene pérdidas tras el parto. Casi ninguna lo consulta el primer año.

Qué es y por qué pierde fuerza

Es el conjunto de músculos que cierra la parte baja de la pelvis y sostiene vejiga, útero y recto. Cuando pierde fuerza o coordinación empiezan las pérdidas al toser o al saltar, la sensación de peso y, en casos avanzados, el prolapso.

Se debilita por causas concretas: parto vaginal, menopausia, estreñimiento crónico, tos persistente, sobrepeso o impacto deportivo repetido. No hace falta haber tenido hijos, y ese es uno de los malentendidos más habituales en consulta.

Las cifras ayudan a dimensionarlo. Una de cada tres mujeres tiene pérdidas tras el parto: es frecuente, pero no inevitable. Y quien entrena de forma guiada tiene ocho veces más probabilidad de mejorar que quien no hace nada, según las revisiones Cochrane.

El problema de salud que nadie declara

No aparece en ninguna estadística de absentismo, y no porque no exista: porque no se cuenta. Nadie pide un día por incontinencia. Lo que pasa es más silencioso. Primero se evita el síntoma: menos agua, más visitas al baño, ropa de repuesto en la taquilla. Después se evita la tarea, como cargar peso, agacharse o un turno sin relevo para ir al baño, y alguien la asume. Más adelante se evita el puesto, rechazando turnos, promociones o trabajo de campo, y ya hay una carrera afectada. Cuando por fin hay baja, el parte pone lumbalgia o dolor pélvico. El origen no consta.

Los puestos que más lo agravan son los de manipulación de cargas (logística, sanidad, limpieza), los de bipedestación prolongada (retail, hostelería, producción), los que limitan el acceso al baño (conducción, línea, atención al público) y, en todos los sectores, la vuelta al trabajo tras el parto. La Ley 31/1995 obliga a adaptar el puesto a la persona y contempla la protección de la maternidad: el acceso al baño y la carga en el posparto entran ahí.

Los cinco síntomas que más nos llegan

El más habitual son las pérdidas de esfuerzo, escapes al toser, reír, correr o levantar peso, y es también el que mejor responde al entrenamiento. Le siguen la urgencia y la frecuencia: una necesidad repentina que cuesta aguantar, o ir muchas más veces de lo normal, que suele achacarse a beber agua. La sensación de peso, notar un bulto o presión hacia abajo sobre todo al final del día, puede ser el primer signo de prolapso.

Los cambios en las relaciones, con menos sensibilidad, molestias o dolor, merecen afinar: el dolor apunta más a tensión que a debilidad. Y el control intestinal, la dificultad para retener gases o heces, es del que menos se habla y de los que más condicionan el día a día.

Kegel, bolas chinas o hipopresivos

  1. Ejercicios de Kegel para el suelo pélvicoRecomendado

    Ejercicios de Kegel

    Contracciones voluntarias del propio músculo. El método con evidencia de más calidad y el que las guías sitúan como primera opción. Empieza aquí, y asegúrate de activar el músculo correcto antes de sumar nada.

  2. Bolas chinas y conos vaginales con pesoCon matices

    Bolas chinas y conos

    El peso obliga a mantener la contracción. Funcionan mejor que no hacer nada y parecido al Kegel, con menos ensayos de calidad detrás. Sin control de la técnica es fácil compensar con abdomen y glúteo.

  3. Gimnasia hipopresivaNo sustituye

    Gimnasia hipopresiva

    Trabaja la faja abdominal con respiración y posturas. Las revisiones coinciden en que no supera al entrenamiento directo. Como complemento aporta; como sustituto, no.

Cómo se hace bien un Kegel

La técnica importa mucho más que la cantidad. Primero, identifica el músculo: es el que usarías para cortar el pis o retener un gas, aunque no conviene practicarlo orinando, solo sirve para localizarlo. Después, contrae sin compensar, hacia arriba y hacia dentro, sin apretar glúteos, abdomen ni muslos y sin aguantar la respiración; si empujas hacia abajo, estás haciendo lo contrario. Mantén de 3 a 5 segundos al principio y sube según tolerancia, en series de 8 a 12, dos o tres veces al día. Y relaja del todo, que es la parte que más se olvida: la relajación debe durar al menos lo mismo que la contracción.

Si no se activa el músculo correcto, más repeticiones consolidan el error. Una valoración manual lo confirma en una sesión.

Y una advertencia que cambia el plan entero: no todo suelo pélvico necesita fortalecerse. Si hay dolor con la penetración, dificultad para orinar o tensión constante, hace falta relajación y trabajo respiratorio, no más contracción. Entrenar a ciegas ahí empeora los síntomas.

  1. Dumoulin C, et al. Pelvic floor muscle training versus no treatment. Cochrane 2018. Cochrane
  2. Hay-Smith EJC, et al. Approaches to pelvic floor muscle training. Cochrane 2024. Cochrane
  3. Woodley SJ, et al. PFMT in antenatal and postnatal women. Cochrane 2020. Cochrane
  4. Herbison GP, Dean N. Weighted vaginal cones. Cochrane 2013. PubMed
  5. Ruiz de Viñaspre R. Gimnasia abdominal hipopresiva. Actas Urol Esp 2018. ScienceDirect

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